CONCURSO LITERARIO 2026
Rotary Villa Urquiza estímula la escritura y la creatividad a través del campo literario.
Como en muchas otras oportunidades el Rotary Club de Villa Urquiza organizó un concurso literario, el cual fue informado oportunamente. Dado que ya el mismo a concluido y se han elegido los textos premiados, el Rotary nos hizo llegar la siguiente nota para que se conocieran los ganadores.
Estimados concursantes:
Por medio de la presente, informamos los resultados de la votación del jurado del concurso literario organizado por el Rotary Club Villa Urquiza.
Les pedimos disculpas por la demora que hubo en cuanto a la evaluación.
Realmente han sido muy buenos trabajos los que hemos tenido que seleccionar y esperamos que este concurso sea una pieza más del estímulo a la escritura y la creatividad a través del campo literario.
Queremos además informarles que los diplomas de premiación se entregarán el sábado 17 de noviembre a las 16 hs. en la Biblioteca Popular D. F. Sarmiento – Bucarelli 2583 – CABA.
Desde ahora, muchas gracias y felicitaciones a los premiados.
PRIMER PREMIO NIÑOS:
EL MISTERIO DEL CASTILLO
Seudónimo EL HISTORIADO
nombre ganador: R Santino PINKAS
SEGUNDO PREMIO NIÑOS: EL PEOR CUMPLEAÑOS
seudónimo MINI CIRCE:
nombre ganadora: LUZ FERLIJWKSI
Primer mención ADULTOS POESÍA:
SOLO HUELLA
“LULY” NELIDA HAYDEE GUTIERREZ
PRIMER PREMIO ADULTOS CUENTO CORTO:
LA MESITA DEL FONDO
Seudónimo “BRIAN”
Nombre FELISONDO RODRIGUEZ
SEGUNDO PREMIO ADULTOS
CUENTO CORTO: LA TIENDA
Seudónimo “CLARA LUNA”
Nombre: NORA PIETRALUGA
TERCER LUGAR:
LA PUERTA DE ABAJO
Seudónimo “PRIMO DEL TOPO”
Nombre: HORACIO DANIEL PALETA
A continuación publicamos los dos primeros premios:
EL MISTERIO DEL CASTILLO
En el barrio de villa Amabilidad, provincia de Neuquén, había un gran castillo viejo hecho de piedra, albergaba uno de los grandes misterios de la humanidad. Las muchas desapariciones de personas que se animaron a entrar en él. Actualmente este castillo está abandonado y rodeado de tanta maleza, que sólo se ven las dos torres altas. También se ha informado ruidos extraños y luces de colores por la noche.
Un día, un grupo de chicos estaban jugando a la pelota en las cercanías desobedeciendo a sus padres, ya que estos les avisaron que no jugaran cerca de allí. Los nombres de estos chicos eran Lautaro, un chico alto y hábil con la pelota; Nahuel un niño travieso y ágil; por último Anahis, la hermana de Nahuel, una niña inteligente a la que habían convencido de ir aunque ella no estaba totalmente de acuerdo. Mientras jugaban cuando estaba anocheciendo, vieron las luces en el castillo, de las que tanto se hablaban, entonces se preguntaron que produciría esas luces extrañas cuyos colores eran tonos morados, blancos y celestes.
En casa, Anahis se propuso investigar aquel castillo. Después de investigar en internet con su computadora descubrió que el castillo le había pertenecido a una anciana que murió de causa desconocida, porque la encontraron muerta intentando cerrar una puerta con llave. Esto impactó a la hermana, que a su vez tenía más curiosidad de saber.
Al día siguiente volvieron al mismo lugar pero esta vez a investigar. Estaban preparados con todo lo necesario para llevar a cabo la investigación, linternas, un mini botiquín de primeros auxilios, comida, agua, entre otros. Lautaro y Nahuel se preguntaron cómo era que ahora ellos eran los que habían sido convencidos por Anahis para ir de vuelta. Al trepar la reja se sintieron como si algo les dijera que no hay vuelta atrás. Mientras trepaban la reja,vieron desde la altura todo tipo de insectos, bichos, reptiles, geckos y por último roedores del tamaño de un pie; además de tanta maleza que, a su vez, impidia ver lo que pisaban, pero también ocultaba el cielo celeste y el otro lado de la reja que anteriormente cruzaron trepando.
Después de caminar arrancando maleza con sus manos llegaron a la entrada principal, en la que se dieron cuenta de que estaba cerrada con llave, optando por otra entrada. En un momento Lautaro encontró una ventana abierta y les advirtió a los demás. Pero se arrepintió porque al fijarse bien, la ventana era chica y él alto. A media mañana, Anahis decidió sacar comida de la mochila. Mientras comían al lado de la ventana Lautaro vigilaba para ver si algo ocurría, pero no llegó a ver nada fuera de lo normal.
Al mediodía (pues recién lo era porque habían salido temprano) el sol estaba muy fuerte en sentido de iluminación y temperatura. Pero allí con toda la maleza abundante, solo veían un par de rayos y sentían algo de calor.
Al entrar al castillo vieron que estaban en un largo y gran pasillo que conectaba a muchas habitaciones, aunque la mayoría estaban cerradas con llave. Anahis se acercó a una de las habitaciones con Nahuel y Lautaro. Sintieron que cuanto más se acercaran, más miedo tenían. Cuando llegaron, Lautaro empujo la puerta que, para su sorpresa se abrió de par en par y en su interior vieron una carta que decía: ”Para mi querida nieta: no me queda mucho tiempo, así que toma el crucifijo y escapa de ellos, los fantasmas porque ellos lo querrán para poder volver, ¡CUIDATE MUCHO!”
Esto impactó mucho en los tres, y mientras procesaban lo sucedido escucharon un ruido extraño pero fuerte. Al fijarse de donde venía aquel, vieron un fantasma de un señor caminando hacia ellos lentamente, horrorizados salieron corriendo y para su sorpresa el fantasma comenzó a correr hacia ellos. Mientras corrían se fijaron que desprendía luces de colores morados,blancos y celestes, como tanto se había mencionado en las historias.
En un momento Nahuel tropezó con una cajita que tenía una cerradura, y al verla, sin pensarlo dos veces, la agarró y continuó huyendo. En un intento por esconderse, Anahis condujo a Nahuel y a Lautaro por un pasillo que vio antes y trató de abrir la primera puerta que vio, que para su sorpresa se abrió de par en par. Casi sin pensarlo, Lautaro, al ver esto empujó a los dos hacia dentro y Nahuel que fue el último en entrar, la cerró rápido. Después de asegurarse de que el fantasma se haya ido, se fijaron en descubrir cómo era el interior de aquel cuarto, se encontraron con que en la pared había escrituras que decían: “QUE SER VIVO CAMINA EN CUATRO PATAS A LA MAÑANA,EN DOS AL MEDIODÍA Y EN TRES A LA TARDE Y TAMBIÉN A LA NOCHE”.
Anahis pensó que si resolvían el acertijo, pasaría algo más increíble de lo que se imaginaba. Esto se lo comentó a sus amigos y ellos también pensaban lo mismo, así que pusieron sus cerebros a trabajar, y mientras pensaban, Nahuel vio algo que le llamó la atención y esto era un botón rojo, brillante y grande como Nahuel tenía un comportamiento travieso no se le ocurrió más que apretarlo. De repente apareció una pluma y una hoja de papel, que por su antigüedad ya estaba totalmente amarilla, y en la hoja decía: “Pon tu respuesta, si es incorrecta tendrás un castigo, y si es correcto aquello que se oculta descubrirás”. Después de un rato de pensar, Anahis dio su respuesta: “El ser humano, porque cuando somos bebés gateamos, osea que caminamos en cuatro patas. Cuando somos adultos, en dos patas. Al envejecer se suele usar bastón, lo que cuenta como tres patas”. Y también supuso, que al decir día, mediodía y noche, eran referencias a las etapas de la vida.
Lautaro y Nahuel, no dudaron en darle la razón ya que era la más inteligente de los tres. De repente, la hoja desapareció de la mesa donde la habían dejado. En su lugar apareció una llave, la cual les hizo pensar en que puerta o lugar del castillo debía usarse.
Lautaro recordó la cajita que había encontrado en la persecución, y pensó en que tal vez la llave serviría para abrirla. Al intentar encajar la llave, tuvo éxito y la cajita se abrió ante las miradas sorprendidas de Anahis y Nahuel. Dentro se encontraba un crucifijo que en su lado más largo contaba con una punta filosa; junto a él había una nota que decía: “Usa esto para acabar con ellos, clavalo en su pecho y desaparecerán”.
Sin pensarlo, Nahuel tomó el crucifijo de la cajita y se dispuso a clavarlo. Anahis, se lo prohibió por que si él lo hacía solo probablemente saldría herido. Nahuel le dio la razón, pero con la condición de que si lo iban a acompañar sería solo para protegerlo a una distancia segura. Ya convencidos salieron de la habitación, pero en un momento de dudas Anahi le dijo a su hermano que para acabar con el fantasma en una forma segura, este debería lanzar el crucifijo a la distancia.
Tras buscar al fantasma, el más alto del grupo, reconoció las luces emitidas por aquel ser monstruoso. Al divisarlo y pasar la noticia a sus dos compañeros, todos se prepararon para lo que estaba por suceder. El fantasma comenzó a tirar unas bolas metálicas, por lo que el grupo de amigos no tuvo más opción que intentar esquivarlas. Cuando parecía que el fantasma intentaba recargar para volver a lanzarles, Nahuel arrojó el crucifijo con un tiro tan certero que dio en el pecho de aquel ser sobrenatural. Mientras el fantasma desapareció a causa del impacto preciso, este emite una luz cegadora. Al cesar esta luz, los tres amigos buscaron y tomaron sus pertenencias antes de dirigirse al jardín del castillo. Mientras caminaban no podían dejar de preguntarse cómo era que habían sobrevivido para contar aquella aventura. Al cruzar la reja, sintieron por fin como si estuvieran a salvo de todo aquello que los había amenazado en su reciente aventura.
¿O no era así? un pensamiento los invadía mientras caminaban nuevamente para sus casas, ¿Será que la nota de la abuela a su nieta, hablaba solo de un fantasma o de más? Porque al mirar hacia atrás, no vieron las luces que se volvían a brillar.
EL HISTORIADOR
«LA MESITA DEL FONDO»
Como todas las tardes, Rodo se encaminó por Rivadavia hacia el Café Martínez del Village Caballito. Su vida transcurría sin sobresaltos después de su separación, y ahora, con más tiempo, podía darse algunos gustos, como el de sentarse todas las tardes en un café y sumergirse en su mundo cibernético sin que nadie lo molestara.
Sabía que la mesita del fondo del Café rara vez se ocupaba y, sobre todo, tenía el enchufe para la tablet al lado del sillón. Saludó, se recostó cómodamente y pidió su infaltable café en jarrito con una porción de torta helada de chocolate. La mezcla del café amargo caliente con la suave crema helada de chocolate lo elevaba al séptimo cielo.
Se sentó mirando, como siempre, hacia el frente del local y comenzó a sumergirse en su nuevo mundo de Pinterest. Estaba bajando a su tablero de taller unos diseños, cuando de repente le llegó el aroma de un perfume muy particular que hacía muchos años no sentía.
El perfume «Maderas de Oriente» lo golpeó en sus recuerdos, y la imagen de la Nona le trajo algo de nostalgia, pero ¿quién ahora sería capaz de ponerse ese extracto fuerte y antiguo con olor a sándalo y maderas exóticas?, se preguntó. Inmediatamente, por el rabillo del ojo, vio que en la mesa de al lado se movió algo. Se sorprendió cuando la vio, porque no la vio llegar de frente por el pasillo, cosa que es camino obligado para llegar a esa parte del salón, pero pensó que era culpa de su excesiva concentración que lo desconectaba del mundo.
No era de fisgonear, pero el perfume y la actitud de esta chica le resultaron un poco extraños. Primero, no hacía nada; estaba sentada con la espalda recta sin recostarse, mirando hacia adelante como alguien que perdió el tren y va a tardar tres horas en volver el siguiente. Su cara no tenía expresión alguna. Su actitud entonaba con su ropa fuera de moda; falda larga negra, saquito color rosa viejo, una blusa de color té, y el pelo tomado de un costado con dos clips.
Sin saber por qué, sintió una atracción inexplicable; tenía su rostro una dulzura que hacía rato no había visto en una mujer, y sus largas pestañas negras parecían acompañar a su mirada hacia el infinito.
Rodo volvió a su mundo, pero no podía concentrarse y cada tanto tiraba una mirada hacia la mesa de al lado. Todo le resultaba muy extraño, sobre todo cuando Anita, la mesera, se acercó a la mesa, le pasó el trapo, acomodó las servilletas y los sobres de azúcar, y como si ella no existiera se retiró sin preguntarle qué quería.
Su corazón empezó a latir fuerte, tenía que decirle algo, ya estaba pensando que solo él la estaba viendo. Acomodó sus cosas sobre la mesa y vio que al lado de ella había un diario en el asiento. Le pediría el diario y de esa forma la sacaría de su aparente mundo estático.
En el momento en que se estaba incorporando, Anita se acerca con una pareja y los invita a sentarse en la mesa de ella. Al verlos venir a su mesa, la chica gira la cabeza y le entrega a Rodo la más dulce y triste de las sonrisas, y diluyéndose en una bruma misteriosa desaparece.
Rodo cayó literalmente en su asiento, se acomodó los lentes mientras trataba de entender qué había pasado. Nunca pudo.
Después de ese día, Rodo no falta un solo día al café Martínez. Se sienta en la mesita del fondo, atento y esperanzado de ver entre el humo de los capuccinos a la joven del saquito color rosa viejo que usa perfume «Maderas de Oriente» y devolverle la sonrisa.
Brian